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Refugiado Gay de Centroamérica encuentra seguridad en Canadá

Marco, 26, visita Ottawa por primera vez desde su reasentamiento en Canadá a principios de 2018.

Marco, 26, visita Ottawa por primera vez desde su reasentamiento en Canadá a principios de 2018. ©ACNUR/Erla Cabrera

Obligado a dejar todo atrás, Marco huyó de las pandillas en Honduras

Por Erla Cabrera en Ottawa, Canadá

« Me fui de casa a una edad temprana porque mi familia no me aceptaba por lo que soy », explica Marco, de 26 años. « Fue difícil llevarnos bien, sin que me juzgaran. Lamentablemente, creo que es más un problema en todo el país. La falta de educación y esfuerzos para crear conciencia sobre la comunidad LGBTI es lo que lleva a malentendidos y prejuicios, lo cual conduce a una falta de protección para personas como yo, ya que la discriminación es parte de lo que es generalmente aceptado ».

En Honduras, Marco nunca fue abierto acerca de su orientación sexual. Si bien no estaba avergonzado de ser homosexual y cree que la mayoría de la gente a su alrededor lo sabía, siempre vivió con el temor de ser rechazado o atacado físicamente si lo hacía.

Las personas lesbianas, gay, bisexuales, transgénero e intersexuales, conocidas colectivamente como LGBTI, se enfrentan a una vulnerabilidad particular y a menudo extrema en muchas partes del mundo. Además de la discriminación y violencia graves que enfrentan en sus países de origen -incluidos los abusos sexuales, la falta de protección legal, la falta de acceso a servicios básicos, la detención, el ostracismo social y familiar y la exclusión-, los solicitantes de asilo y refugiados LGBTI a menudo sufren continuos daños mientras en desplazamiento forzado

En junio de 2016, después de algunos años de vivir por su cuenta, los peores temores de Marco se hicieron realidad cuando comenzó a ser blanco de los miembros de pandillas locales en Honduras.

« Fui acosado, amenazado y casi asaltado en varias ocasiones. Traté de mudarme con mi hermana que vivía en otra ciudad, pero ellos me encontraron allí también y no quería ponerla en peligro. Entonces decidí que tenía que irme de Honduras ».

El norte de Centroamérica (NCA), formado por Honduras, Guatemala y El Salvador, enfrenta altos niveles crónicos de violencia de pandillas y cárteles de la droga que están reclutando por la fuerza a niños, secuestrando para extorsionar a pequeños empresarios, abusando sexualmente a mujeres y niñas y amenazando a personas LGBTI, entre otros. Para miles de personas de la región, el miedo, el trauma y la violencia horrible se han convertido en parte de su vida diaria. Esto es especialmente cierto para aquellos que son LGBTI.

Marco, en el centro, compartió su historia en el Día Mundial de los Refugiados en Ottawa, para ayudar a arrojar luz sobre la crisis que enfrenta el norte de América Central debido a la violencia de las pandillas. ©ACNUR/Erla Cabrera

Marco, en el centro, compartió su historia en el Día Mundial de los Refugiados en Ottawa, para ayudar a arrojar luz sobre la crisis que enfrenta el norte de América Central debido a la violencia de las pandillas. ©ACNUR/Erla Cabrera

Marco huyó a México con casi ningún conocimiento sobre el proceso de asilo o sobre lo que significaba ser un refugiado. Al llegar a la frontera sur, agentes de inmigración lo detuvieron y lo metieron en detención mientras esperaba que se tomara una decisión sobre su caso. « Estaba abarrotado e insoportable. Estaba aterrorizado y solo, no sabía cuáles eran mis derechos y lloré ante la idea de que este fuera el final de mi viaje hacia la seguridad, ya que veía a personas que eran expulsadas diariamente ».

El número de solicitantes de asilo y refugiados del NCA llegó a más de 294,000 a fines de 2017, un aumento del 58 por ciento comparado con el año anterior. En México, el número de solicitudes de asilo aumentó de 2,137 en 2014 a 14,596 en 2017.

Después de aproximadamente un mes, Marco se conectó finalmente con el ACNUR y fue llevado a un refugio en la ciudad de Tenosique. El refugio era un lugar seguro para las personas LGBTI, y el personal del ACNUR le aseguró que sus derechos estarían protegidos. Permaneció en el refugio durante aproximadamente 10 meses, optando por no vivir solo porque se sentía protegido y le gustaba tener gente que conocía.

Pero en un caluroso día de verano, Marco fue atacado por un grupo de hombres a lo largo del camino hacia un río local. « Pensé que iba a morir ese día. Estaba tan avergonzado y no quería que nadie supiera lo sucedido », recuerda Marco.

Después de algunas dudas, Marco confió en alguien en el refugio quien lo convenció de ver a un médico y hablar con un abogado. A partir de ahí, se presentó un informe policial y el ACNUR trabajó para que lo trasladaran lo más rápido posible a otro refugio en la Ciudad de México para mantenerlo a salvo.

Marco en la escuela en Sherbrooke, Quebec, estudiando frances. © Foto cortesía de Marco

Marco en la escuela en Sherbrooke, Quebec, estudiando frances. © Foto cortesía de Marco

En la Ciudad de México, Marco nuevamente vio a más doctores, incluido un terapeuta, para asegurarse de que recibiera el apoyo adecuado para el trauma que sufrió. Fue allí donde finalmente Marco pudo encontrar trabajo gracias a la ONG local, Casa Arco Iris, que a menudo acudía al refugio apoyado por el ACNUR para dar charlas a refugiados LGBTI y solicitantes de asilo sobre los servicios disponibles y las oportunidades de trabajo.

« En cuestión de semanas, me convertí en uno de los mejores vendedores de la tienda en la que me contrataron », comenta Marco orgullosamente. « Me emocionó haber tenido la oportunidad y ver cómo era aceptado por las personas. No solo me dieron un bono de Navidad, sino que descubrí al mismo tiempo que Canadá estaba interesado en mi caso y que podría mudarme allí ».

En enero de 2018, Marco fue reasentado en Canadá a través del Departamento de Inmigración, Refugiados y Ciudadanía de Canadá (IRCC) y ACNUR. Fue el día después de su cumpleaños, y Marcos dice que “fue el regalo perfecto”. Su primer viaje por avión, su primer contacto con el invierno y la primera vez que escuchó hablar el francés. Ahora en su casa en Sherbrooke, Quebec, está entusiasmado asistiendo a clases de francés y espera algún día convertirse en oficial de policía. Él también ya es voluntario de la comunidad LGBTI local con la esperanza de que su historia pueda ayudar a otros.

« Ahora voy a clase con personas de diferentes orígenes, con diversos motivos para huir, pero todos con la esperanza de construir una nueva vida en condiciones de seguridad. Quiero decirle gracias a Canadá. Gracias por darme la bienvenida y por aceptarme a todos ».